En cuanto a mi…

Mi infancia, mediados de los 80 y la década de los 90

Primera página a color de Dragon Ball

Vi el sol por primera vez durante el ocaso de un 3 de Diciembre de 1984 en Sabadell, Barcelona; pocos días después de que Akira Toriyama publicara por primera vez en Japón el famoso manga Dragon Ball. Quizá fue el destino, quizá una mera coincidencia, però a mi me hace ilusión contarlo así.

A pesar de educarme en una escuela religiosa regentada por monjas a las que siempre espere que se uniera una una Julia Andrews cantando Do-Re-Mi, crecí rodeado de comics, series de televisión, muchas películas y las influencias más pop de los años 90, era de esperar que no saliera nada bueno de todo ello, imaginaros poner en una batidora a las Spice Girls, los Power Rangers, Salvados por la Campana y los X-Men; ¿que puede salir mal?

Pasé muchas tardes de mi infancia haciendo los deberes en el videoclub de la familia, situado en un boulevard en el que también se encontraba una tienda de artes marciales y una librería, ese lugar se convirtió en mi zona de recreo, aunque en casa me esperaban muchas más distracciones con las que ocupar mi tiempo libre, tales como la Master System II con Alex Kidd o mi inmensa colección de Playmobil (que aún atesoro, por cierto).

Por aquel entonces, entre finales del los 80 y principios de los 90, uno ya apuntaba maneras; mirando cada día series de dibujos en VHS de nuestro videoclub como las cintas de Superman, Spider-man, Shazam!, He-Man o Transformers. además de otras series que emitían en la televisión a las que más tarde darían a conocer como anime: primero con las reposiciones infinitas de Heidi y Marco, luego con Dr. Slump en la televisión autonómica, seguimos con La Aldea de Arce o Chiquitina, la mítica y ya mencionada Dragon Ball también gracias a la televisión autonómica, la llegada de Campeones o más conocida como Oliver y Benji, Dos fuera de serie con Juana y Sergio , Los Caballeros del Zodiaco, Sailor Moon, Ranma 1/2, todas japonesas y antes del auge del manga y el anime en España, fíjate tú. Aún así, no fue hasta a mediados de esa década que mis padres, por iniciativa propia, empezaron a llevarnos a mi hermano mayor y a mi cada año al Salón Internacional del Cómic de Barcelona, convirtiéndose en una tradición familiar y acercándonos a ambos más, si cabe, a toda esta cultura servida en viñetas, huelga decir que aún no existía Internet para el uso doméstico así que no todo estaba tan accesible como ahora.

Con todas esas influencias recibidas hasta la fecha es normal que empezara a consumir cada vez más productos similares, cómics, series de televisión, revistas especializadas, merchandising (cuando aún no conocíamos ese concepto), incluso música (principalmente bandas sonoras) y cultura tanto japonesa como norteamericana, recuerdo lo mucho que insistíamos mi hermano y yo en comer pizza cada fin de semana para parecernos a las Tortugas Ninja cuando aun no existía ningún restaurante de comida rápida en nuestra localidad.

Llegué a secundaria y pronto me tocaría escoger un camino que seguir después e inevitablemente la terrorífica pregunta de «que quiero ser de mayor» apareció llevándome a un viaje retrospectivo acerca mis gustos y aficiones para ver si, con suerte, descubría una vocación. Y haciendo un repaso por las actividades extraescolares en los que participé a lo largo de esos años de colegio recordé, mi paso por el basquet y como mi reticencia a pegar el estirón nunca me ayudó a destacar en el equipo y también como estuve varios años en el equipo de fútbol intentando hacer el tiro con efecto, pero siempre disfruté más de otras actividades que cursaba a la vez como teatro, canto, pintura, cerámica y más tarde también el maquetismo o la construcción de dioramas. Si, hacía más actividades extraescolares que un niño japonés típico de cualquier anime.

Si a todo lo descrito acerca del cine, les series los cómics y las actividades extraescolares, le añadimos que mi asignatura favorita, como seguramente ya os habéis imaginado, siempre fue Educación Plástica y Visual, tenemos como resultado una matriculación a un instituto público para cursar el Bachillerato Artístico.

La primera década del nuevo milenio

Póster de la película My Sassy Girl

En 2001 llegué al bachillerato con la típica mochila llena de sueños, con ganas de encontrar mi sitio y me encontré con gente con la que podía hablar de mis gustos por el anime, los cómics, el cine; fue alucinante, «¿dónde estaba escondida esta gente?» me preguntaba yo. Por si no habías caído en ello, durante la primaria era el niño raro de las fotocopias de Dragon Ball, los cromos de Porco Rosso en la carpeta, el que intentaba hacer el tiro del halcón en fútbol y quien jugaba a dirigir obras de teatro en el recreo; y en la secundaria pasé a ser el introvertido que se pasaba las clases dibujado en sus apuntes, quien intercambiaba cómics con su profesor de dibujo y quien a veces soltaba alguna palabra en japonés. Quizá ahora está todo esto más normalizado pero estoy hablando de los años 90… en fin.

En realidad no tenía muy claro que quería ser tras mi paso por el bachillerato, a veces soñaba en ser como Spielberg y poder hacer películas con personajes fantásticos y otras veces soñaba en ser actor para poder ser uno de esos personajes fantásticos. Por la cabeza me pasaba también la idea de ser dibujante de cómic o escritor de novelas juveniles o incluso tener un programa de televisión o radio, de hecho de pequeño con mi hermano habíamos grabado varias cintas de casete con nuestros programas de radio, hicimos podcasts antes que nadie. También de pequeños jugábamos a crear personajes de cómic para nuestro propio universo de superhéroes e incluso yo dibujaba algunos cómics y él se los leía. Recuerdo también que en cuarto de secundaria escribí una novela al puro estilo de El Pequeño Nicolas de René Goscinny y Jean-Jacques Sempé, lo cual nos llega a pensar que si sumamos todos estos factores y los agitamos bien en una coctelera el resultado natural, que no sensato, es lo que terminé por hacer.

Al terminar segundo de bachillerato estaba preparando un fanzine con mis amigos como si fuéramos los protagonistas de Comic Party publicamos ese mismo octubre de 2004 en el X Salón del Manga de Barcelona, y seguimos publicando varios años con un total de 4 revistas y 4 cómics (dos series distintas) editados. En diciembre de ese mismo año entre en el ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya) donde aguanté 2 cursos, pues por muchas razones abandoné, entre ellas y quizá la peor de todas estaba el poder trabajar y ganar algo de dinero en un bar musical hasta las 3 de la madrugada, creo que esto marco un poco mi futuro.

Durante estos años mi afición por los cómics aumentó, empecé a comprarme varias colecciones de manga como I´´s, Love Hina, Katteni Kaizo, etc., sobretodo durante mi paso por el bachillerato. También empecé a consumir mucho anime en V.O.S.E como Fullmetal Alchemist (Brotherhood no, que aún no existía el anime), Elfen Lied,  Abenobashi Mahō Shōtengai, o clásicos como Golden Boy. Como cabía esperar, también empecé a aficionarme aún más al cine y a apasionarme por el cine oriental, descubriendo directores que ahora me encantan como Kim Ki-Duk, Takeshi Kitano o Hirokazu Koreeda; y fue en esta época cuando descubrí mi película favorita, la coreana My Sassy Girl protagonizada por Jun Ji-hyun.

Por modificar:

En 2007 conseguí dejar atrás esta etapa de fiesta y trabajo nocturno pero si casi sin darme cuenta había perdido mucho tiempo de mi vida, pero nunca es tarde para encauzar lo que sea que uno tenga que encauzar. Me juré (en vano) que nunca jamás volvería a trabajar en la hostelería, me apunte a un nuevo centro a estudiar de cine otra vez y conseguí un trabajo a media jornada en una tienda de calzado. Por desgracia no todo salió como lo tenía planeado, dejamos de publicar el fanzine por múltiples razones, me cansé del curso de cine al poco de un año y lo abandoné, a pesar de que aprendí muchísimo de dirección, guion y producción y también me cogí una jornada completa donde estaba trabajando.

Por aquél entonces pensé que la vida no esta hecha para soñar, que en realidad todo esto de cómics, cine y demás estaba reservado para unos pocos (a poder ser a gente con familias ricas o amigos influyentes) y que a mi me tocaba estar, como algunos lo llaman, con los pies en el suelo. Me puse a estudiar algunos cursos de marketing, algunos por mi cuenta y también me dediqué a diseñar carteles para algunas asociaciones, «esto será lo más cerca que estaré nunca del mundo artístico y creativo» pensaba.

Tercera parte

No me arrepiento de nada de lo que hice, todo me trajo su beneficio, pero quizá si que hice un gran rodeo antes no llegara a ninguna parte. Me había forjado como responsable de marketing y comunicación en una asociación a la que a su vez le hacía también de diseñador gráfico, en ella también empecé a trabajar en la organización de espectáculos y eventos, y cuando me quise dar cuenta, en 2010, tenía sobre la mesa la oferta para ir a trabajar en una empresa de ocio y restauración que iba abrir en breve, querían justamente eso, que les diseñara el logotipo y la cartelería, las cartas, que les llevara las redes sociales, organizara eventos, etc. Lo dejé todo y acepté, hay que apostar y jugársela en la vida.

Os acordáis de los dos amigos que hice en el bachillerato? Pues uno era el hijo de los que montaron esta nueva empresa y el otro (que es el que dibujaba en nuestro fanzine) lo entré recomendado como ayudante en cocina. Tenía un buen sueldo, trabajaba con mis amigos y haciendo algo que me gustaba, no era cine ni cómic pero parecía mi vocación.

Era todo un oasis, una ilusión, pronto llegaron los problemas. Mi implicación esa empresa era tal que invertia más tiempo del que tenia en ella, mi relación del momento se resintió tanto que terminó. Empezaron a no pagar sueldos, acepté trabajar más de camarero y jefe de sala que de lo que en un principio había planteado y fueron 4 años muy duros en los que perdí mucho dinero al no recibir nunca mi nómina a tiempo. Pero me costó marchar de ese ambiente tóxico por mi implicación en el proyecto desde un inicio.

También hubo momentos muy buenos, buenos compañeros y amigos, lo que llegué a aprender de coctelería y de gestión del sector. E incluso con el compañero dibujante retomamos ideas para volver a trabajar algun día en algún proyecto de cómic, sea autoeditado o no.

En los últimos meses en esa empresa empecé a trabajar a su vez con otra empresa que se dedicaba a vender merchandising y figuras de anime en los salones y eventos de toda España e incluso algunas por Europa. Y lo más importante, con el anhelo de poder marchar de ese restaurante-sala de ocio, a finales de 2013, con mi hermano montamos una pequeña tienda de juegos de mesas, merchandising, figuras y en un futuro cómic. Una nueva etapa empezaría.

Tenía junto a mi hermano una tienda como la que siempre habíamos querido tener, no funcionaba mucho pero con lo que cobraba del paro por haber dejado por fin el antiguo puesto de trabajo, más lo que iba ganando de ir a trabajar a los salones y lo poco que la tienda facturaba íbamos haciendo, pero como siempre las cosas pueden ir a peor.

Se me agotó el paro, aunque por suerte, a finales de 2014 encontré trabajo, no es lo que querría pero… volvía a trabajar de noche, en un pub-discoteca del cual saldría siempre cuando los demás ya se despiertan. Eso sí, solo trabajaría el fin de semana, con lo que a pesar de cobrar muy poco podría estar por la tienda.

Decidimos trasladar la tienda a un lugar un poco más grande para ver si la podíamos hacer prosperar, invertí todo lo que tenía, vamos que dejé secas mis tarjetas de crédito y me pedí un préstamo, mala decisión. Con el tiempo la cerramos porque no generaba suficiente, mantuve mi trabajo por suerte pues venían años muy duros en lo que me tocaria devolver todo el dinero usado.

Con mi tiempo libre por eso me apunté a cursos de actor de doblaje, me dediqué a diseñar carteles para bares, logos, a gestionar redes a diferentes locales y asociaciones e incluso decidí en 2018 empezar a dibujar de nuevo, 14 años después de haber enterrado el lápiz de dibujo.

En 2019 empecé a ver la luz económicamente, terminaria a finales de año de pagar el préstamo y me podría empezar a poner a amortizar mis tarjetas de crédito, lo vi tan claro que hasta me apunté en un curso de ilustración para seguir aprendiendo. Y lo que viene a continuación creo que ya os lo podéis imaginar….

Así estamos

Marzo 2020, llega el coronavirus a España, me quedo en ERTE, empiezo a no cobrar de ningún sitio, me gasto los ahorros, empiezo a cobrar del estado, no es suficiente para pagar todo lo que tengo que pagar, tiro de las tarjetas de crédito, más deuda. Soy un camarero, llevo más de 10 años trabajando de camarero, como voy a conseguir trabajo?

Decido aplicarme al dibujo totalmente, eso explica la creación de esta página web, también a trabajar de otras cosas, como ahora que estoy con gestión de redes y diseño para pequeñas empresas que empiezan o proyectos que buscan creativos, lo que pasa que ahora, tal y como esta la cosa, pocos clientes voy a encontrar.

Ya hace más de un año que no puedo trabajar, sigo en ERTE y he decidido que voy a ser artista. Veremos como hago mi camino a partir de ahora.